¿Soy Shakespeare en cuarentena?
No sé si por suerte o por necesidad he leído bastante sobre creatividad sin sacar ninguna conclusión clara. Lo cierto es que cada autor adapta el discurso a su vida o la toma como ejemplo para la misma, no entraré en si eso está bien o mal, no soy quién; pero lo que sí he pensado es en cómo llega la creatividad, no cuando la queremos si no cuando se lo permitimos.
Hablando con una amiga llegamos a la conclusión de que sí, que pretender que todos somos Shakespeare escribiendo millones de El Rey Lear durante la cuarentena es tener una visión poco realista de lo que era el autor y lo que son las cuarentenas en pleno dos mil veinte, pero lo cierto es que tiene mucho sentido que todo tuviera lugar en ese escenario.
La creatividad es un proceso de creación y relación de datos que tu cerebro posee, guarda o recuerda desde hace años y creo fielmente que el lugar donde están almacenados los datos de los que hablo se haya totalmente eclipsado por el trabajo, las prisas, el agobio del transporte público y el salario. Y no puedo culpar a nadie más que al capitalismo de eso -pero eso es otro tema.
La verdad es que durante los trayectos o procesos de nuestra vida donde no tenemos que estar concentrados o ser útiles para alguien -ya sea mental o físicamente trabajando, la mente se dedica a vagar por los recuerdos en forma de crítica, añoro o quejas. Bajo mi punto de vista, el hecho de vagar por situaciones irreales me parece puto autosabotaje inconsciente pero a donde quiero llegar es que, de la misma manera que no somos excelentes en el multitasking (aunque lo parezca, esta forma de trabajo no es sostenible ni productiva a la larga -y hablo desde la experiencia) tampoco lo somos teniendo ideas si toda nuestra imaginación está forzándose en crear otros escenarios, en hablar desde el dolor y la rabia, en recurrir algo relacionado con nuestra propia existencia pero nunca alejarnos de ella, recordando siempre normalmente con la incomodidad que nos produce la misma. Y eso dinamita la creatividad.
Creo fielmente que si la cuarentena nos ha dejado algo más que una crisis política y económica es la oportunidad de dejarlo todo y enfocarnos en estar en silencio. Obvio que hay personas que detestan esto con todas sus fuerzas y han priorizado sus redes sociales y el Animal Crossing como medio para acabar con el aburrimiento (y sin ánimo de ofender: han sido más inteligentes), pero otras personas elegirán mirar al ya repetitivo horizonte una mañana más y soñar qué podrían estar haciendo si nada de lo que existe fuera lo hiciera, porque lo cierto es que la realidad como la conocíamos, va a tardar tiempo en volver.
Mi punto es que durante el silencio, la calma y la mente soñadora se llegan a conclusiones inesperadas. Dejas de pensar en el cómo sino en el qué, el qué te apetece, qué harías, qué llevas soñando lograr desde los once años. Y ahí empieza el juego.
Lo digo sin apenas estudios que los respalden pero con total convicción: el ser humano es creativo por naturaleza y llega a los mismos puntos o formas de creación cuando la soledad le visita; solo hay que ver que toda Europa ha ido quedándose sin harina y levadura según se establecía el confinamiento, todos hemos acabado realizando la misma acción incluso superados por países. E igual caso es el de las pinturas ruprestres, cómo siguen todas la misma técnica y me atrevo a decir casi la misma finalidad, pero cada una conversar el estilo propio de la zona donde se crearon mientras que se parecen a todas las demás, situadas a kilómetros de ellas. Es impresionante. Por ello creo que Shakespeare solo habrá uno, pero que escribir es lo que nos ha inspirado a muchos es reconocer que al final somos muy parecidos cuando se trata de situaciones límite.
Creo que en este siglo es importante permitir al cuerpo expresarse y encontrar un lugar, zona y horario cómodo para hacerlo (incluso si ese horario lo conforman las pocas horas libres que tienes después de volver del trabajo o la universidad) y encontrar la calma y la convicción que te permita llegar al canal y el método por el que te puedes permitir ser creativo.
La mente está pensando millones de ideas por segundo y puedo aseguraros que solo el uno por cierto de esos pensamientos vale la pena, pero quizá todos sean capaces de crear un ambiente para que ese pequeño porcentaje salga a la luz. Quizá recibas varias señales, quizá las identifiques o solo creas que es casualidad, pero si tiras del hilo encontrarás algo que contar. Aunque solo sea una mentira o todo aquello que no te ha pasado.
Probablemente incluso las frustraciones durante el transporte público y las quejas de las que hablaba antes son también otra forma de creatividad y yo no tengo ni idea de lo que estoy escribiendo pero, ¿acaso las ideas no son ensayos de prueba y error?
Hablando con una amiga llegamos a la conclusión de que sí, que pretender que todos somos Shakespeare escribiendo millones de El Rey Lear durante la cuarentena es tener una visión poco realista de lo que era el autor y lo que son las cuarentenas en pleno dos mil veinte, pero lo cierto es que tiene mucho sentido que todo tuviera lugar en ese escenario.
La creatividad es un proceso de creación y relación de datos que tu cerebro posee, guarda o recuerda desde hace años y creo fielmente que el lugar donde están almacenados los datos de los que hablo se haya totalmente eclipsado por el trabajo, las prisas, el agobio del transporte público y el salario. Y no puedo culpar a nadie más que al capitalismo de eso -pero eso es otro tema.
La verdad es que durante los trayectos o procesos de nuestra vida donde no tenemos que estar concentrados o ser útiles para alguien -ya sea mental o físicamente trabajando, la mente se dedica a vagar por los recuerdos en forma de crítica, añoro o quejas. Bajo mi punto de vista, el hecho de vagar por situaciones irreales me parece puto autosabotaje inconsciente pero a donde quiero llegar es que, de la misma manera que no somos excelentes en el multitasking (aunque lo parezca, esta forma de trabajo no es sostenible ni productiva a la larga -y hablo desde la experiencia) tampoco lo somos teniendo ideas si toda nuestra imaginación está forzándose en crear otros escenarios, en hablar desde el dolor y la rabia, en recurrir algo relacionado con nuestra propia existencia pero nunca alejarnos de ella, recordando siempre normalmente con la incomodidad que nos produce la misma. Y eso dinamita la creatividad.
Creo fielmente que si la cuarentena nos ha dejado algo más que una crisis política y económica es la oportunidad de dejarlo todo y enfocarnos en estar en silencio. Obvio que hay personas que detestan esto con todas sus fuerzas y han priorizado sus redes sociales y el Animal Crossing como medio para acabar con el aburrimiento (y sin ánimo de ofender: han sido más inteligentes), pero otras personas elegirán mirar al ya repetitivo horizonte una mañana más y soñar qué podrían estar haciendo si nada de lo que existe fuera lo hiciera, porque lo cierto es que la realidad como la conocíamos, va a tardar tiempo en volver.
Mi punto es que durante el silencio, la calma y la mente soñadora se llegan a conclusiones inesperadas. Dejas de pensar en el cómo sino en el qué, el qué te apetece, qué harías, qué llevas soñando lograr desde los once años. Y ahí empieza el juego.
Lo digo sin apenas estudios que los respalden pero con total convicción: el ser humano es creativo por naturaleza y llega a los mismos puntos o formas de creación cuando la soledad le visita; solo hay que ver que toda Europa ha ido quedándose sin harina y levadura según se establecía el confinamiento, todos hemos acabado realizando la misma acción incluso superados por países. E igual caso es el de las pinturas ruprestres, cómo siguen todas la misma técnica y me atrevo a decir casi la misma finalidad, pero cada una conversar el estilo propio de la zona donde se crearon mientras que se parecen a todas las demás, situadas a kilómetros de ellas. Es impresionante. Por ello creo que Shakespeare solo habrá uno, pero que escribir es lo que nos ha inspirado a muchos es reconocer que al final somos muy parecidos cuando se trata de situaciones límite.
Creo que en este siglo es importante permitir al cuerpo expresarse y encontrar un lugar, zona y horario cómodo para hacerlo (incluso si ese horario lo conforman las pocas horas libres que tienes después de volver del trabajo o la universidad) y encontrar la calma y la convicción que te permita llegar al canal y el método por el que te puedes permitir ser creativo.
La mente está pensando millones de ideas por segundo y puedo aseguraros que solo el uno por cierto de esos pensamientos vale la pena, pero quizá todos sean capaces de crear un ambiente para que ese pequeño porcentaje salga a la luz. Quizá recibas varias señales, quizá las identifiques o solo creas que es casualidad, pero si tiras del hilo encontrarás algo que contar. Aunque solo sea una mentira o todo aquello que no te ha pasado.
Probablemente incluso las frustraciones durante el transporte público y las quejas de las que hablaba antes son también otra forma de creatividad y yo no tengo ni idea de lo que estoy escribiendo pero, ¿acaso las ideas no son ensayos de prueba y error?
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