ANXIETY
ANSIEDAD
Tenía un monstruo dentro y la estaba comiendo, sin órgano afectado no podía evitar sentir el tormento. Los días amanecen en la noche y acababan con lluvia y un sol que no había acudido a su visita, tenebroso como el final de la garganta que se cierra cuando te señalan y comprendes que puede que no todo vaya mal, pero que esa no será tu vida.
No puedes hacer las paces con los temblores, la boca seca, los minutos contados hacia atrás a cámara lenta intentando prepararse para un final que no llega, el siguiente paso, el siguiente metro, la siguiente ventana ciega.
Sientes las manos anudadas en la espalda con espino fresco cada mañana, notas que tu corazón se resiente cada primavera pues la ropa corta llega y exponerte parece una nueva condena. Te dicen que nunca estarás lista y no puedes frenar cavar tu tumba, aquel lugar seguro primero con sábanas y mantas pesadas que aún huelen a tu madre y te recuerdan a tu infancia, luego con tierra, gusanos y poco aire mientras escuchas con sonidos graves y lejanos que todos parecían quererla.
A veces sientes que puedes, que el momento es preciso, precioso y abundante y tienes ganas de luchar sin fin contra los imprevistos, que no importa si no amanece pues tienes ojos llenos de luz y una caja torácica reflectante. Te adelantas a todas las misiones y haces alegrías de las penas que quedaron hechas girones; te levantas y conquistas un poquito más lejos de lo que, cuando acaba el día comprendes… que te quitarán mañana. Esos pequeños días cuentan, pero no son tu calma ni los días negros la gran pérdida.
Camisas de fuerza para la mente porque no te gusta donde viaja ni a dónde se dirige, te gustaría apresarla, ponerle cadenas, un vigilante y quizá cubiertos de plata; sabes que no se lo merece pero aún así quieres mimarla. No eres nada sin ella pero ella viaja sola, conduce con su mano estirada desde la parte de atrás de un autobús lleno de miedos, orgullo y esperanza; no le importa que tu vayas sentada en el asiento del conductor, ella sabrá llevar el vehículo a donde quiera y tú tendrás la primera vista para disfrutarla.
Te culpas y te retuerces porque si es tu mente, tú eres su dueña; si son tus creencias, tu eres la ídola; si tiene tus genes, tú los portas con ganas. Se paran y preguntan cómo, dónde y cuándo ha sucedido todo este drama, con miradas de condescendencia y poco tacto te arrebatan la poca paciencia que te queda. Y respondes que no tienes ni idea, que fue gradual la invasión y parece muy larga la espera para despedirse por fin de semejante agarradera.
Las relaciones solo son madejas de hilo, tierra y brea; no puedes descifrarlas, no entiendes las letras ni su procedencia, necesitas una piedra Roseta que te ayude a crear tu nueva lengua; poder compartirte es tu esperanza y su misión en la guerra, pero la gente no se queda, ni se espera, ni se aquieta, se retira con miedo, vergüenza o pena. “No eres para mí”, ya, claro, ni mío este sufrimiento pero no puede irse de mi cabeza. Quiero arrancarme el pelo y dejarle los poros abiertos para que encuentre una salida a mi cerebro, sé que no funciona así, pero quiero intentarlo todo antes de perder el juego. Quiero que las tardes no sean puñales ni los exámenes una ruleta rusa de emociones donde nadie gane; yo tengo la pistola, la diana, las manos y las balas. Yo, mi, me, contra mí misma., todo el rato, a todas horas.
En la consulta me deshago y, cuando salgo, tengo que caminar con los pedazos en los brazos. Nadie se queda a mirarme hacerlo, nadie se queda a valorar que, a pesar de todo, lo estoy intentando.
Comentarios
Publicar un comentario