NOSTALGIA

NOSTALGIA.

Tu nombre solo coincide en tres letras y ya es más que suficiente para no querer visitarla de nuevo. Se enciende como una bombilla cuando creo y se apaga con el sol, que aunque aún le quedan años, reconoce su final cuando cada día termina. 

No es novedad, echo de menos muchas cosas, quizá más de las que debería, y es muy optimista por su parte que con la nostalgia solo pueda nombrarle con tres letras cuando mi vida es más larga que esa palabra, su rastro y su presa.

Pero sí, lo admito, echo de menos muchas cosas. No sé si por nostalgia, costumbre o fuerza por olvidarlas. El sentimiento se deshace y vive en ti porque, ¿qué es el pasado sin querer que vuelva y el futuro sin querer visitarlo? La vida solo permanece porque pasa y pasa porque se queda en nuestra memoria. Esa sensación me gusta, me da paz y calma, me recuerda que lo que parece bonito no se disfrutó así, que formó parte del abismo de inconstancias y que lo malo tampoco sucedió igual, porque el espacio de la perspectiva y lo hace aprendizaje y madurez. 

Pero no añoro cuando era pequeña, no puedo hacerlo, no recuerdo nada. Solo una nevada, unas historias nubladas y el camino al hospital por la noche a las seis de la mañana. Ese día fue importante, me separaron la piel y sacaron lo que me hacía daño, ¿podrían hacer eso también con mi corazón? Hay partes que duelen. 

Aquel día no necesita palabra, ni letras para recordarlo, lo tengo inscrito en mi piel en forma de paréntesis final, como si se me brindara una aclaración que dice: lo que vivas será así, un día corres y vuelas y al otro… tres meses en cama. Le pedí al cirujano que cosiera en forma de corazón porque no podrías explicarle a una niña de doce años que podría morir o que quedaría marcada, porque lo cierto es que morir era difícil y la cicatriz se está borrando con los años, así que aunque hubiera sido capaz de entenderlo también me habría equivocado. Esa es otra metáfora, como el niño que se rió de mí por tener las piernas torcidas y una venda y más tarde él también fue a visitar al mismo médico. Justicia poética, o nostalgia risueña. 

No me recuerdo riendo en ninguna época, pasé de que me abrieran a abrirme yo misma para poder dejar salir los demonios, las ganas y la vida si podía. Por eso la nostalgia la saboreo ácida, no creo que sea para mí. Lo que guardo con más cariño es a uno de mis abuelos y no le conocí y supongo que eso explica muchas cosas.

El diccionario cuenta que la nostalgia es la pena por la pérdida de un bien querido, ¿acaso yo no quise nada? Esa es la pregunta diaria, porque he guardado todos mis sentimientos dentro, porque la niña de doce años que mencionaba no mostró miedo pero ahora se asusta si la llaman, si se encuentra con el hombre que le puso las manos encima, si vuelve de noche y escucha un ruido, si encuentra un valle escarbado en el campo y pregunta si lo usará como castigo. 

Para perder hay que haber ganado primero y no sé si ese es mi caso aunque presupongo que también se puede perder la vida que quisiste haber tenido, la pérdida de la oportunidad que crees que te hubiera hecho feliz aunque nunca averigues si es cierto. A estas alturas mi cabeza parece una maraña de pensamientos, porque echo de menos a lo que provocó dolor y no a su ausencia, pero quizá lo que más añoro del mundo es entender ahora que todo lo que pasó pudo ser de otro modo. Si tan solo la niña hubiera tenido el coraje para echar de menos lo que podría tener y lo que la estaban obligando a tener… si tan solo la honestidad hubiera formado parte de su vida… si tan solo… pudiera deletrear nostalgia y no verse desnuda.

Comentarios

Entradas populares