La casilla de salida robada.

Hace tiempo hablaba con una compañera de clase de fotografía que me contaba que todos los fines de semana toda su familia se sentaba a ver y recordar momentos capturados en fotografías almacenadas en discos duros enormes, básicamente toda su familia se movía por el gusto hacia ese arte y ella había convivido con ello siempre, creció rodeada de ello y, por tanto, terminó estudiándolo.

A mi no me pasó nada parecido.

Lejos de tener una infancia que recuerde con cariño tampoco fue un caos. Pero nadie en ella (a parte de mi hermana cuatros años mayor que yo) ha estado nunca interesado por el arte y considero que eso ha dificultado mucho mi apreciación, mi conocimiento y mis bases sobre el tema; pero también creo que esto funciona en gran medida como una excusa, una manera de culpar a mi alrededor por no haberme dado la educación que de adulta me hubiera parecido bien recibir. Nadie instruyó a mis padres en el arte y cada uno creció con un background diferente, no puedo culpar a nadie por eso, pero sí es cierto que guardo una especie de rencor hacia ese pasado robado e incluso también envidia a mi compañera.

¿Qué hubiera podido pasar? Quiero decir, actualmente adoro el arte, es cierto que no estoy masterizada en todos los campos tanto como me gustaría, al igual que no creo tan a menudo como sería lo ideal, pero ¿qué hubiera pasado si con 13 años mis padres ya me hubieran llevado al Museo del Prado varias veces? Es obvio que eso hubiera cambiado algo en mí, y lo mismo con visitar bibliotecas; son cosas que he tenido que empezar a hacer con diecinueve años. Y siento dentro una especie de vacío, de tiempo perdido que no podré recuperar jamás porque nadie absorbe de forma tan natural información como un niño y sobre todo porque mis ojos ya están guiados por unas leyes morales. Después de estudiar historia del arte me enamoré de ella y durante el estudio de la literatura la odié muy profundamente y me encuentro ahora, cuatro años después de segundo de bachillerato, leyendo sin parar y empezando por los clásicos, descubriendo en mi veintena géneros que nunca me había atrevido a probar y sin poder establecer un orden mental de escritores favoritos o sus contextos históricos puesto que yo no viví la niñez de un niño al que le gustaba leer ni atendí en clase como alguien quien toma literatura como una opción; como pronto yo lo descubrí a los quince años y no sabía más de libros que los que mi hermana se compraba. 

Intento ser una persona que se resigna al pasado puesto que ya no lo puede cambiar, de hecho, solo puedo aprender de él, pero actualmente es muy difícil decidir estudiarte todos los cursos de instituto en lo que a arte, literatura o ciencia (algo que también me ha gustado siempre y que nunca nadie a parte de yo misma me ha motivado en hacer). Lejos de reprocharle nada a mis padres, puesto que no puedo rehacer mi pasado, creo que ahora está en mi poder hacer algo al respecto en lo que al futuro se refiere. Aunque bien es cierto que, como he dicho antes, es complicado, pero si existe algo que puede solucionar esto es la curiosidad y de eso tengo de sobra. 

Comentarios

Entradas populares